Tres cajas expresivas en un órgano español: una disposición excepcional

Entre las numerosas particularidades que pueden encontrarse en la organería de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pocas resultan tan llamativas como la existencia de un órgano dotado de tres cajas expresivas independientes.

La aparición de placas identificadas como Expresión Gran Órgano, Expresión Concertante y Expresión Eco plantea un interesante interrogante sobre el origen y el constructor del instrumento. No se trata únicamente de una cuestión terminológica: cada una de estas denominaciones parece corresponder a una división sonora independiente alojada en su propia caja expresiva, una solución extraordinariamente poco frecuente en la organería española.

Placa Expresión G. Órgano, España, ca. 1900-1930
Placa Expresión G. Órgano, España, ca. 1900-1930
Placa Expresión Concertante, España, ca. 1900-1930
Placa Expresión Concertante, España, ca. 1900-1930
Placa Expresión Eco, España, ca. 1900-1930
Placa Expresión Eco, España, ca. 1900-1930

Si esta interpretación es correcta, el órgano habría contado con una estructura semejante a la siguiente:

DivisiónFunción
Gran ÓrganoCuerpo principal del instrumento
ConcertanteDivisión de carácter sinfónico, destinada a timbres solistas y de acompañamiento
EcoDivisión muy expresiva, concebida para efectos dinámicos y contrastes sonoros

Este planteamiento se aleja claramente de la tradición organera ibérica del siglo XIX. La mayoría de los órganos españoles construidos durante este período disponían de una única caja expresiva —cuando existía— destinada al Recitativo o a una división secundaria. Incluso en los grandes instrumentos románticos resultaba excepcional encontrar dos divisiones expresivas, siendo prácticamente desconocida la existencia de tres cajas independientes.

Por el contrario, esta concepción recuerda poderosamente a la organería sinfónica francesa, desarrollada por Aristide Cavaillé-Coll y continuada por numerosos constructores franceses durante las últimas décadas del siglo XIX. En estos instrumentos era habitual la organización del órgano en varias divisiones especializadas —Grand-Orgue, Positif, Récit expressif, Solo, Echo o Bombarde— con un tratamiento orquestal del sonido y un sofisticado control de la expresión mediante cajas independientes.

La utilización del término Concertante constituye otro indicio significativo. Esta denominación apenas aparece en la organería tradicional española y, sin embargo, encaja plenamente dentro del lenguaje empleado por algunos constructores influenciados por la escuela francesa, donde determinadas divisiones estaban destinadas a interpretar líneas melódicas de carácter solista o concertante.

Ante estas características, cabe plantear la posibilidad de que el instrumento fuera construido por alguno de los organeros que introdujeron en España las corrientes organísticas centroeuropeas y francesas. Entre los candidatos más plausibles podrían encontrarse:

  • Aquilino Amezua, cuya producción representa la culminación de la organería sinfónica española y muestra una clara influencia francesa.
  • Lope Alberdi, heredero de la tradición de Amezua y constructor de grandes órganos románticos durante el primer tercio del siglo XX.
  • Eleizgaray y Cía., empresa vasca especializada en órganos de estética sinfónica.
  • Algún constructor francés que trabajara directamente para iglesias españolas o suministrara instrumentos a la Península, especialmente durante las últimas décadas del siglo XIX.

No obstante, con los datos actualmente disponibles resulta imposible atribuir el instrumento a un constructor concreto. La combinación de tres cajas expresivas, la presencia de una división denominada Concertante y la concepción claramente orquestal del órgano constituyen indicios de enorme interés, pero no una prueba definitiva.

Este caso pone de manifiesto hasta qué punto la organería española de finales del siglo XIX estuvo abierta a influencias internacionales. A medida que aparecen nuevas fotografías, placas de registros, documentación de archivo o testimonios de restauraciones, es posible reconstruir la historia de instrumentos cuya configuración fue extraordinariamente avanzada para su época.

Fuente:
1. GARCÍA MARTÍN, Judith Helvia. «El órgano Amezua de la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción de Salamanca: fuentes para su historia». Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología, vol. 31, 2015, pp. 149-184.

2. PALACIOS SANZ, José Ignacio. «Aportaciones de Aquilino Amezua a la organería de Castilla y León». Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología, vol. 29, 2013, pp. 129-178.

3. GONZÁLEZ DE AMEZÚA, Ramón; SOPEÑA, Federico. Perspectivas para la historia del órgano español. Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1970.

4. CLASTRIER, Françoise; CANDENDO, Óscar. «Órganos franceses en el País Vasco y Navarra (1855-1925)». Musiker, n.º 7, 1994.

5. DE VICENTE, Alfonso. «Notas para el estudio de la organería en España en el siglo XIX». Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología, vol. 5, n.º 1, 1989.

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